Avellanas

Originaria del Asia y consumida desde el neolítico, la avellana sigue siendo muy utilizada hoy en día en el mundo entero. Su uso en repostería no tiene discusión: dulces tradicionales, tortas, flanes, postres y cremas resultan deliciosas y muy nutritivas. Asi mismo, acompaña al chocolate en bombones, tabletas, cremas para untar y turrones. En la cocina de sal se utilizan picadas o majadas de frutos secos y ajo, para añadirlo a los guisos y a los estofados. Son tan versátiles que incluso puede elaborarse una nutritiva sopa de avellanas. Tienen muchísimas energías y son ideales, para los deportistas y los niños, que necesitan un aporte calórico extra. Poseen un alto valor nutricional: 16% de proteínas y 62% de aceites insaturados. Además, contienen significativos niveles de tiamina, niacina y altos niveles de calcio, fósforo , magnesio y potasio. Es originaria de Ponto en Asia Menor. Se tiene constancia que ya la consumían en Mesopotamia, en el Neolítico, porque se han encontrado dibujos y restos en las cuevas. Los griegos se lo llevaron a Grecia y de ahí se extendió a otros países. A España llegó en el siglo XIX.

Sopa de avellanas

Los ingredientes

100 gramos de avellanas tostadas, 2 patatas, 2 zanahorias, 1 manzana, 3/4 de caldo de verduras, aceite de oliva, sal y pimienta.

Pelamos y troceamos las patatas, las zanahorias y la manzana. Ponemos una olla al fuego con un chorro de aceite y las sofreímos a fuego lento removiendo de vez en cuando. Molemos las avellanas muy finamente, reservando unas cuantas para la presentación final. Cuando la patata, la zanahoria y la manzana empiecen a coger color añadimos las avellanas, removemos y añadimos el caldo, una pizca de sal y de pimienta. Removemos, tapamos y dejamos cocer a fuego lento durante 1 hora aproximadamente.